Hace tiempo que no regresas y decides que de hoy no pasa. Quieres ver cómo van las cosas y aún mantienes la esperanza de encontrar señales de vida. Lo añoras. Te mostraron que había algo más detrás de la puerta y tienes mucho que agradecerles.

Vas de casa en casa, abriendo puertas sin molestar, y contemplas su interior. Las miserias y virtudes están presentes, como siempre, como corresponde a las casas decentes, pero te llama poderosamente la atención que todos se felicitan.
Con la cabeza baja te retiras en silencio y mientras te alejas, sin levantarla, piensas que áun no está todo perdido.

La Máquina gana. Malo para el que no se apercibe y peor para el que lo obvia.

Felicidades a los premiados.